Perú

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17.7.17



Taras Sociales


Una estadística, “demuestra” que un 95 % de peruanos de toda condición social, económica, cultural (unas más que otras), no respeta la más mínima norma de civilidad. O sea, nuestro comportamiento con la colectividad. Alguien dijo, que si todos respetáramos las reglas de tránsito, el Perú fuera mucho más hermoso de lo que es. “En una línea peatonal, el peatón tiene preferencia”, regla tan simple y significativa, ¿alguien lo cumple?


Nuestros familiares, amigos y conocidos que viven en el extranjero”, que siguen conductas cívicas del respectivo país, se sorprenden de nuestra caquexia social, ni se diga nada de los turistas europeos, nos toman como estudio social, que tanto les llama la atención. Vivimos en una jungla de cemento. “Pepe el vivo” ha crecido potencialmente, ahora es Pepe el pendejo, el extorsionador, el narco, el abusivo, el juez, el profesor, el congresista, el ingeniero, hasta el presidente. Nuestras taras sociales han llegado, la del “Pepe el…”, a creer y aceptar como normal,  “roba pero hace obras”, “la plata llega sola”, “soy inocente” y mil barbaridades más.


Los corruptos, los que nos gobernaron, nos gobiernan y nos gobernaran, no salen de la nada. Han salido de nuestra sociedad, por lo tanto llevan al igual que nosotros, las taras sociales de “Pepe el vivo”. Todos los días despotricamos, gracias también a los medios de comunicación, de los gobernantes, dos presidentes presos y dos poderosos, dándonos muestras de una moralidad intachable, que también deberían estar tras las rejas. 


Taras sociales que no van a desaparecer, las siguientes generaciones serán peor. Un viejo adagio decía “para muestra un botón”, ahora es literalmente cierto, con presionar un botón tienen al mundo a su disposición el 99 % de jóvenes en el mundo. Se imaginan un congresista enviando un mensaje “ola k tal”, que seguro los hay. Duele la juventud y la niñez que se viene, será peor.  Mientras sigamos viendo a los “peluchines, combates, guerras, chabucas, magalys…”, etc. Y mucho más ahora que Montesinos volvió a señal abierta y en horario estelar. Pan y circo.


Wito…


1.7.17




RECUERDOS

Provenientes de diferentes partes de nuestro Perú, más de doscientos jóvenes ingresamos a la Escuela de Guardias, en la Campiña, Chorrillos, Lima “Mariano Santos”, el primero de junio de 1982. La Quinta compañía, llamada “Los Sinchis”, que de sinchis no teníamos ni la más remota idea. Pues, de donde salían los verdaderos Sinchis era una comandancia (48 Comandancia, en Mazamari) donde se preparaban a los efectivos en la lucha antisubversiva. Con fecha primero de enero egresamos y nos destinaron a las zonas convulsionadas por Sendero Luminoso, enemigo del gobierno por esos años: Ayacucho, Huancavelica, Apurímac y Cerro de Pasco. La gran mayoría a las dos primeras. Muchos se quedaron por esos lares, hicieron su familia o terminaron enterrados por la malsana demencia de la cuarta espada del mal llamado presidente Gonzalo, quienes aprovechando la inexperiencia y el exceso de confianza, caían en la oscuridad y la sorpresa, por las balas asesinas y cobardes de Sendero Luminoso. Es casi imposible recordar a los más de 200 compañeros de la Escuela; recuerdo a los que estuvimos en Huancavelica, a los que nos destacaban a los puestos más miserables y peligrosos, donde la frase “la vida no vale nada”, era literalmente cierta.

Hace treinta y cinco años, más de dos centenares de muchachos jugaban con armamentos y pertrechos de guerra. Teníamos como enemigos a peruanos (muchos de ellos niños) alienados con ideales equivocados y que daban su vida por tener en sus manos un FAL (fusil automático ligero) o una ametralladora MGP; iniciales de la Marina de Guerra del Perú, que al disparar una ráfaga, el cañón se doblaba. La conocíamos como “chisguete”; o unas granadas tipo “piñas” que nos la daban y no sabíamos cómo usarlas; y, para conseguirlas tenían que matarnos cobardemente. No había un solo día, por los 80, que no murieran guardias civiles en los diferentes puestos de estas “zonas de emergencia”. Muchos de ellos de la quinta compañía “Los Sinchis”.

En la Guardia Civil conocí a verdaderos amigos y con el tiempo se fueron convirtiendo en hermanos. Es difícil echar al olvido esa amistad, están presentes aunque estemos separados por las vicisitudes de la vida. El lazo es eterno. Los que regresábamos de esas “zonas de emergencia”, para el común denominador del personal y mucho más para la oficialidad, éramos los “abortos”, los “leprosos”, casi nadie se acercaba a nosotros. Los oficiales nos tenían “alergia”, preferían tenernos lejos por ser personal “problemático”. Había mucha razón, no regresábamos “sanos”. Las pesadillas nos atormentaban, nos levantábamos sudorosos, con miedo, las sombras y las noches eran, entonces, nuestros fantasmas, enemigos de nuestro día a día. Muchos perdieron la razón, se degradaron y se dedicaron al alcohol, a las drogas; arruinaron sus familias. También muchos supieron capear la situación, llegaron a ser hombres de bien, formaron familias sólidas, estudiaron, progresaron. Ahora con más de cincuenta años encima de los hombros y muchas heridas en el alma, se han reunido en el viejo Potao, Rímac, el centro recreacional de la Benemérita Guardia Civil. Desde acá mis saludos y abrazos a todos ellos.

Lo opuesto a la guerra no es la paz, es la creación.-Jonathan Larson.

Elmer Rafael Castillo Díaz.